
La casa de Tomasa, escrito en 2005 por Phyllis Root e ilustrado por Delphine Durand, lleva ya estos meses entre los favoritos de mi pequeño saltamontes.
Y es que este libro publicado en España por Edelvives tiene todos los ingredientes para atrapar a los peques: una protagonista simpática y con carisma, una historia acumulativa, graciosa, ágil y escrita en rima, y, sobre todo, una invitación a descubrir e investigar en forma de ventanas que se abren y tras las que se esconden los múltiples personajes que se van sumando en cada página a la historia.
Porque sí, la buena de Tomasa se hizo una casa en un rato para ella y su gato, pero luego llegaron Juanito Glotón, la abuela Rosario y la pastora Aleja, entre muchos otros, y empezaron a demandar su espacio, de forma que la protagonista, una crack de la construcción que ríete tú de la burbuja inmobiliaria, empezó a crear habitaciones a partir de su pequeña casa inicial para dar cobijo a todos y cada uno de los nuevos inquilinos. Hasta que la cosa se le fue de madre y acabó quedándose sin sitio para ella (genial el desplegable), problema al que encuentra solución en el pop up que cierra el álbum.





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